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En el año 1544 volvió a
casarse con una bella heredera de Salon, ciudad en la que fijó su
residencia. Su nuevo casamiento le procuró un período de paz y de
comodidad muy fructíferos, además de varios hijos que nacieron con el
paso del tiempo. Cuando al año siguiente volvió a estallar la peste, sus
servicios fueron requeridos en diversas ciudades francesas. En Lyon fue
donde cosechó sus mayores éxitos y donde mayor fama ganó, aunque
diversas rivalidades y pleitos con varios colegas celosos de su fama le
obligaron a volver a Salon, donde se dedicó a escribir diversas obras
médicas. En su refugio, profundizó todavía más en bibliografías
astrológicas y adivinatorias, y comenzó a redactar él mismo sus célebres
Prophéties ("Profecías"), cuya primera edición, que
incluía siete "centurias", vio la luz en el año 1555.
Las Prophéties son una
obra escrita en verso, en un estilo oscuro y artificioso, y con
contenidos enigmáticos que intentaban adivinar el futuro de Francia y
del mundo hasta el año 3797, en que se produciría supuestamente el
Apocalipsis. Una de sus más célebres predicciones se refiere a la
destrucción de Occidente que causarían los pueblos mongólicos del
Oriente en el año 1999. Según explica el propio adivino en la primera
centuria, su técnica adivinatoria se basaba en sentarse delante de un
trípode frente al cual había un recipiente de cristal con agua, hasta
que llegase, en forma de llama luminosa, la inspiración profética. Pese
a su escasa inteligibilidad, su obra alcanzó una popularidad instantánea
que llegó hasta la corte, lo que explica que
Catalina de Médicis
invitase en seguida al astrólogo a París y allí le cubriese de honores y
distinciones. Extraordinaria impresión causó el hecho de que hubiese
profetizado la muerte de Enrique II a causa de las heridas recibidas en
un torneo. Ello le convirtió en uno de los hombres más apreciados y
solicitados de la corte.
En 1558 publicó una nueva
edición de su obra, con tres centurias añadidas, que no hicieron sino
acrecentar su fama. En el año 1564 le visitaron en su casa de Salon
Carlos Manuel de Saboya,
la princesa Margarita y el mismo
Carlos IX,
que le nombró su médico personal. Pero las envidias y celos de muchos
colegas lograron, sin embargo, que sobre su persona y su obra gravitasen
siempre dudas y existiese una polémica permanente. Durante su vida,
nunca faltaron las voces que le denunciaron como impostor y defraudador
profesional. Esas críticas aumentaron, lógicamente, tras su muerte, y un
siglo después de ella, personajes como
Pierre Gassendi
demostraron que algunos de sus horóscopos contenían errores muy
importantes. A pesar de ello, sus Prophéties siguieron siendo una
obra de inmensa popularidad, que se ha estado reeditando, analizando y
estudiando desde entonces hasta hoy, y que ha sido traducido a
numerosísimas lenguas.
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A Michel de Nostradamus se le atribuyen
otras obras, aparte de sus célebres Prophéties: el Traité
des fardements ("Tratado de maquillajes") (Lyon, 1552),
Le remède très utile contre la peste et toutes fièvres
pestilentielles ("Remedio muy útil contra la peste y contra
todas las fiebres pestilenciales") (París, 1561), y el Traité
des singulières recettes pour entretenir la santé du corps ("Tratado
de recetas singulares para mantener la salud del cuerpo") (Lyon,
1572). |
Michel de Nostradamus fue
padre de otro astrólogo del mismo nombre, llamado "El Joven", que
publicó, todavía en vida de su progenitor, un Traité d´astrologie
("Tratado de astrología") (París, 1563), y profetizó que el
pueblo de Pouzin sería devorado por las llamas. Fue sorprendido cuando
él mismo se encargaba de prenderle fuego para ver cumplida su profecía,
y ejecutado de manera inmediata en 1574. Otro de sus hijos fue el pintor
Cesar (1555-1629), gentilhombre de cámara de
Luis XIII
y autor de un retrato de su padre que se conserva en Aviñon. |